Cuando las palabras no salen, los dibujos gritan
MSF lleva a Barcelona los dibujos de niños y niñas de Gaza para denunciar el impacto de tres años de infierno en la salud mental de la generación más joven de la Franja
Barcelona, 10 de octubre de 2026.- Hoy, Día Mundial de la Salud Mental, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha realizado una acción de arte público en la Plaça de Josep Antoni Coderch de Barcelona para hacer visibles las heridas invisibles que tres años de ofensiva brutal israelí y unas condiciones de vida catastróficas están infligiendo en la salud mental de la generación más joven de la Franja.
- Vídeo para medios de la acción en Barcelona, incluye totales de Joan Tubau, coordinador general de MSF para Palestina
- Vídeo para medios con testimonios de niños palestinos y de sus dibujos grabados en Gaza y de Mahmoud al Balbisi, educador y asesor en salud mental de MSF en la clínica de Zeitún, en Ciudad de Gaza
- Vídeos para redes sociales (verticales) y webs (horizontales) subtitulados en español de niños palestinos y de sus dibujos
- Dibujos de niños y niñas palestinos realizados en actividades de apoyo psicosocial de MSF
- Fotografías de actividades psicosociales de MSF con niños en Gaza
- Fotografías de la acción de calle de Barcelona en el Día de la Salud Mental
MSF ha reproducido el dibujo de Rahaf, una niña palestina de Gaza de 11 años, sobre un lienzo gigante de 50 metros cuadrados. Para ello ha contado con la colaboración del artista catalán Toni Ortiz. El dibujo de Rahaf recorre, en sus trazos, el pasado y presente de Gaza: la cola para recoger comida, el mar de tiendas de campaña, el tanque derribando edificios, los drones omnipresentes o los amigos con los que solían jugar y que ya no están. Rahaf no puede salir de la Franja, pero su dibujo y sus emociones sí.
“A veces me paro en la ventana y veo los tanques encendidos (disparando). Le digo: ‘Mamá, entra’, los tanques están lanzando proyectiles. He dibujado —explica Rahaf— las tiendas de campaña, y la gente sufriendo en ellas, el agua y un tanque arrasando. También estamos en la fila del comedor comunitario, sirviendo comida. Todo esto nos pasó. Mataron a mi prima, mataron a mis primos. No puedo olvidarla”.
En Gaza, prácticamente todo el mundo ha perdido a alguien o ha sufrido episodios directos de violencia por parte de las fuerzas israelíes en los últimos tres años. Los bombardeos, los ataques con drones y los tiroteos han marcado la vida de los más de dos millones de habitantes de la Franja.
Y lo sigue haciendo hoy, cuando se cumple justo un año de la entrada en vigor del supuesto alto el fuego. En este tiempo, casi 1.500 palestinos han perdido la vida y más de 5.000 han resultado heridos según las autoridades sanitarias gazatíes.
Hoy, el 90% de la población se ha visto desplazada, a menudo en múltiples ocasiones, y 6 de cada 10 gazatíes han perdido su casa. Más de la mitad de los hospitales y los centros de salud no funcionan y casi todas las escuelas han sido destruidas o dañadas.
La inseguridad, los ataques aéreos, las incursiones militares y las restricciones al acceso humanitario siguen provocando un sufrimiento generalizado. Más de un millón de personas requieren apoyo urgente en materia de salud mental y asistencia psicosocial en Gaza según la Organización Mundial de la Salud.
“En toda Gaza, observamos niveles abrumadores de duelo, ansiedad, trastornos del sueño y angustia psicológica tanto en adultos como en niños. Estos síntomas se agravan en una crisis que ha evolucionado hacia una fase menos visible, caracterizada por la erosión sistemática de la posibilidad de los palestinos de sobrevivir y vivir con salud y dignidad”, afirma Joan Tubau, coordinador general de MSF para Palestina.
Algunos pacientes cuentan a los profesionales de MSF que tienen pensamientos suicidas; los equipos de la organización han atendido a personas que han tenido ideas suicidas o han intentado suicidarse en algunos de los centros de salud de la organización.
Las consecuencias del genocidio van mucho más allá del trauma agudo. MSF está observando un malestar psicológico generalizado, que incluye duelo, ansiedad, trastornos del sueño y pensamientos suicidas. La destrucción de hospitales, viviendas y escuelas; de medios de subsistencia y del tejido social palestino, en definitiva, supone un trauma infligido que perdurará durante generaciones.
Los niños y niñas son un grupo especialmente vulnerable. Muchos han sido testigos de violencia a gran escala y han perdido a familiares y amigos. “He dibujado cuando fuimos a buscar agua; el Ejército nos lanzaba proyectiles, había tanques, un dron y el cielo nos caía encima. Las fuerzas israelíes nos obligaron a tumbarnos en la calle durante un día y medio. Nuestra tierra estaba sembrada de árboles frutales, olivos, solíamos repartir (olivas) entre los vecinos. Nuestra casa ya no existe”, rememora Motassem, 14 años.
“Los que se encuentran en la última etapa de la infancia han perdido su colegio, su hogar, su entorno; ir a buscar agua o acudir al comedor social para recoger comida se han convertido en responsabilidades cotidianas para ellos”, explica Mahmoud al Balbisi, educador y asesor en salud mental de MSF en la clínica de Zeitún, en Ciudad de Gaza.
Los niños que hoy tienen tres o cuatro años siempre han vivido en una tienda de campaña y no han experimentado lo que es vivir en una casa. Cuando algunos han vuelto a sus hogares, no han encontrado sus juguetes ni la bolsa con sus pertenencias, han perdido el espacio seguro. Muchos sienten miedo y ansiedad; temen los disparos y otros peligros, y muchos presentan comportamientos como morderse las uñas, enuresis (pérdida involuntaria de orina durante el sueño), agresividad y gritos.
“Era pequeña. Estaba en el jardín de infancia. Y entonces papá me dijo: ‘vámonos’. No nos llevamos nada. De repente vimos drones sobrevolándonos. Teníamos miedo, y el edificio temblaba, temblaba y no sabíamos adónde ir. Tenía hambre y papá no sabía qué darme de comer. A papá le dolía el pie, porque cuando trajo algunos de los paquetes de ayuda, un camión le pasó por encima. Lo sentamos en una silla de ruedas, y yo lo empujaba, y empecé a llorar”, recuerda Dina, 9 años.
Los dibujos y testimonios de Dina, Motassem y Rahaf narran lo que ven y sienten, sus recuerdos. Sus creaciones son un pequeño intento de comprender el impacto que el genocidio ha tenido en la infancia de Gaza y de transcender y superar los límites de la Franja.
“Lo que observamos es que los niños que han crecido durante el periodo de la guerra tienen enormes carencias. Están acostumbrados a la idea de jugar en lugares que han quedado reducidos a escombros. Han empezado a inventarse juegos; a representar lo que presenciaron durante la guerra, durante la hambruna, como si corrieran de un lado a otro intentando imitar la distribución de la ayuda. Todo esto ha afectado a su infancia de forma injusta, y les ha impedido crecer con normalidad. Así que, en las sesiones que impartimos intentamos recordar a los niños su humanidad”, concluye Mahmoud.
En la clínica de MSF en Zeitún, en la Ciudad de Gaza, los equipos ofrecen apoyo psicosocial a los niños a través del programa ‘Carnaval’, que gira en torno a la música, los juegos y el entretenimiento. Los terapeutas comparten historias relacionadas con valores de comportamiento y entablan un diálogo sobre lo que han vivido y viven todavía hoy. Durante las actividades en grupo, los niños se expresan dibujando las realidades que les rodean, lo que constituye una herramienta clave para su recuperación.
Desde finales de 2023, los equipos de MSF han realizado más de 132.000 consultas individuales y han brindado apoyo a más de 246.000 personas en actividades grupales de salud mental.
Mila Font
Guillermo Algar
Ivan M. García





